Las mejores croquetas gourmet de Madrid

Tus Croquetas Gourmet

Solamente Croquetas.

Hoy somos una pequeña empresa dedicada a cuerpo y alma a la distribución de nuestro producto estrella, hablamos de nuestras exquisitas croquetas. Disponemos de más de 10 variedades. Pequeñas obras de arte cada una de ellas, nos gusta pensar. Se fabrican a mano, sería imposible formar a máquina una bechamel como la nuestra, tan fluida. Sencillamente no podrás resisistirte a nuestros sabores, a nuestras pequeñas obras de arte.

``Posiblemente las mejores croquetas que hayas probado.´´

- Actualmente estamos trabajando para lanzar al mercado más de 20 sabores, sabores de verdad, sabores gourmet. -

La croqueta es porción de masa hecha de una salsa densa como la bechamel y un picadillo de diversos ingredientes, que ha sido rebozada en huevo y pan rallado, y frita en abundante aceite.

Esto le proporciona una textura crujiente y un color dorado. Generalmente son saladas, tienen forma ovalada y se sirven calientes como entremés o guarnición, aunque también las hay que son dulces y se sirven como postre. La croqueta moderna es de origen francés, aunque lo cierto es que la técnica de reaprovechar las sobras rebozándolas se remonta, por lo menos, a la Antigua Roma.​

Proviene del francés croquette,​ del verbo croquer ('crujir') y el sufijo diminutivo -ette, es decir, 'crujientita'.​ En el siglo XVIII, croquet se refería en francés a cualquier alimento crocante, particularmente a un bizcocho duro y crujiente (de hecho en 1645, croquet se vería traducido al castellano como 'alfajor').​ Las primitivas croquettes se hacían a base de papa o de arroz, y no se parecían a las actuales croquetas a base de salsa bechamel. «Croqueta» entra en el diccionario de la Real Academia en 1869.

La croqueta moderna se origina en el antiguo Reino de Francia.​ Está extendida la creencia de que fueron inventadas en el siglo XIX por chef Antonin Carême. Sin embargo, aparecen más de un siglo antes en el recetario Le cuisinier royal et bourgeois (1691) de François Massialot, el cocinero del duque de Orleans. En él se puede leer la primera receta de croquetas bajo el nombre de croquet. Es interesante ver como ya desde entonces las croquetas se consideraban una técnica de aprovechamiento, al ser una manera más «apetecible» de servir las vísceras y otras casquerías, aromatizadas con trufa y hierbas:


¿ Cómo lo hacemos ?

Procuramos llevar al extremo el imperativo de la cremosidad. Dicho de otro modo: nuestras croquetas son de las que estallan en la boca y chorrean por la barbilla. En este sentido, pensamos que la harina, aplicada al asunto de las croquetas, antes que otra cosa lo que tiene es peligro. De ahí que tendamos a ser reticentes con ella. Un ejemplo: en las croquetas de jamón, la relación harina/leche es 1/12.

Aspiramos a levantar, por encima de todo, sabores rotundos, indudables, que exhiban como mejor credencial su propia exhuberancia. Y con tal de potenciarlos hacemos lo que haga falta... que suele sustanciarse casi siempre en echar el doble o el triple de aquello que más dinero cuesta.

El objetivo último es simple: tumbar de la impresión con el primer bocado.

Aunque creemos que la originalidad, en materia de croquetas como en casi todo, es una virtud que merece la pena cultivar, desconfiamos de las mezclas extravagantes. Más aún, desconfiamos de las mezclas, a secas, incluso aunque no lo sean. Preferimos llevar a nuestras croquetas sabores intactos, nítidos, puros, que retraten sin deformarla ni oscurecerla la sustancia que hay debajo. Un ejemplo: hacemos croquetas de espinacas, y hacemos croquetas de queso azul; pero no hacemos croquetas de queso azul con espinacas.

En aquellas variedades en las que, a pesar de todo, cedemos a la tentación y mezclamos elementos dispares, procuramos que el resultado final alumbre un sabor coherente, dotado de sentido, reconocible, que potencie el carácter del ingrediente principal (fresas con mostaza), que remita a un plato clásico (queso con membrillo, bacalao a la vizcaina, lentejas con chorizo...) o a una cocina familiar (la cocina italiana, en el caso de las croquetas de parmesano y tomate confitado; la cocina china, en el caso de las de ternera picante con setas shitake)

Elaboramos cada variedad tomando como base de la bechamel su propio fondo. Esto es: no hacemos una bechamel, la dividimos en 37 partes, y le echamos 37 cosas distintas. De eso nada. Cada variedad es el resultado de un propósito y un proceso particulares. O sea: guisamos 37 fondos distintos y sobre cada uno de ellos levantamos la bechamel correspondiente.

Formamos a mano las croquetas. No por nada, sino porque resultaría imposible hacerlo de otra manera. Una máquina no sería lo bastante delicada.

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